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Força Aérea Portuguesa / Re: O Super Tucano em Portugal
« Última mensagem por Ghidra em Hoje às 11:15:03 am »La Comisión Europea impulsa un avión ligero multirrol: ¿una apuesta por la innovación o una redundancia en el mercado?
https://defensayseguridad.es/otro-avion-mas-el-fmla-de-la-comision-europea/
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La Comisión Europea insiste en capitanear iniciativas de material de armamento comunitario, y da un paso más en su estrategia de buscar el fortalecimiento de las capacidades de defensa comunitarias, esta vez mediante la inclusión de un nuevo proyecto en su programa de trabajo anual 2026 del Fondo Europeo de Defensa (EDF), adoptado el 17 de diciembre del pasado año. Bajo la referencia EDF-2026-RA-PROTMOB-FMLA, se destinarán 15 millones de euros a la convocatoria para el desarrollo de un «futuro avión ligero multirrol» (FMLA, por sus siglas en inglés). Esta nueva iniciativa buscará abordar lo que se percibe como una laguna en las flotas aéreas europeas, aunque, tratándose del tipo de sistema del que habla, genera interrogantes sobre su necesidad real en un panorama saturado de opciones similares. El reconocido analista Laurent Lagneau, de Opex360.com, también aborda esta cuestión en el citado medio, y sobre su trabajo y la propuesta de la Comisión, queremos destacar algunos aspectos que nos parecen interesantes.
En DYS hemos acudido al texto original de la Comisión para saber realmente qué quiere la Institución de gobierno de la UE y tratar de desgranar sus propósitos.
Según el documento oficial de la Comisión, el objetivo es «desarrollar un nuevo avión ligero multirrol para cerrar la brecha entre los campos de batalla actuales y las tecnologías modernas, ya que la mayor parte de la flota europea en este segmento está envejeciendo«. El texto enfatiza que el aparato debe ser de bajo costo y monomotor, propulsado por turbopropulsor, evitando la duplicación o fragmentación de sistemas existentes (precisamente hay abundancia de ellos) en aviones turbopropulsores y de transporte táctico militar. Entre sus roles previstos se incluyen: «apoyo aéreo directo, designación de objetivos en tierra, inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR), coordinación de ataques aéreos, control de tráfico aéreo avanzado en entornos hostiles, ataque ligero, interceptación antidrones y apoyo aéreo cercano, especialmente en misiones contraterroristas«.
Además, se especifica que debe «operar en diversos entornos operativos«, sin detallar restricciones en masa máxima al despegue más allá de su orientación ligera, y con capacidad para despegues y aterrizajes cortos, implícita en el concepto general. Dicho de otro modo: un aparato que haga mucho, cueste poco y no moleste a nadie. Un unicornio industrial de turbina modesta.
Esta descripción literal del programa no alude en ningún momento a características de baja observabilidad o furtividad, un aspecto que ha sido interpretado de manera expansiva en análisis del artículo publicado ayer, el **3 de enero, en el portal francés Opex360.com, que más arriba mencionábamos. En él, Lagneau describe el proyecto como un esfuerzo por crear un «avión de ataque ligero furtivo«, argumentando que incorporaría «tecnologías y materiales modernos que reducirán su visibilidad frente a radares y otros sistemas«.
Lagneau va más allá al sugerir que el aparato necesitaría «protección contra interferencias electromagnéticas«, lo que podría interpretarse como un intento de posicionar el FMLA en un nicho de alta tecnología. Sin embargo, esta lectura parece exceder el contenido estricto del documento de la Comisión, que se centra en la versatilidad operativa y el bajo costo, sin mencionar explícitamente elementos de sigilo o reducción de firma radar; al menos nosotros no lo hemos encontrado en el texto oficial de la Comisión. Tal extrapolación, por qué no, podría reflejar una proyección de expectativas sobre amenazas futuras, pero plantea dudas sobre si el proyecto realmente aspira a un nivel de sofisticación comparable al de plataformas stealth consolidadas, o si se trata más bien de una actualización modesta de capacidades existentes sobre aparatos en activo. No es la primera vez que el entusiasmo editorial se adelanta al expediente presupuestario. Tampoco será la última.
Desde una perspectiva netamente interpretativa, las palabras de Lagneau destacan un optimismo en la innovación europea, al tiempo que invitan a cuestionar si esta iniciativa responde a una necesidad genuina o a un impulso burocrático. El analista francés apunta a una «laguna estratégica emergente» en el continente, pero su énfasis en la furtividad podría estar influido por debates nacionales, como los informes franceses que proponen equipar a las fuerzas armadas con aparatos de ataque ligero (tal y como acaba de hacer Portugal incorporando los Súper Tucano, por ejemplo). No obstante, esta visión choca con la literalidad del texto comunitario, que prioriza la eficiencia económica y la polivalencia por encima de avances disruptivos en sigilo. Y aquí radica parte del problema: se espera que el FMLA sea todo y no sea nada. Que sea útil, pero no caro. Moderno, pero no amenazante. Versátil, pero no redundante. Un difícil equilibrio entre lo táctico y lo presupuestario que rara vez termina bien.
Otro ángulo relevante que aborda Lagneau es el contexto del mercado global de aviones ligeros multirrol, el cual se encuentra, a nuestro juicio, más que suficientemente cubierto por una amplia gama de modelos en servicio alrededor del mundo. En su análisis, menciona certeramente que «el mercado está dominado por aparatos como el Embraer A-29 Super Tucano o el Pilatus«. Y lo cierto es que en la propia Europa se fabrican varios de estos sistemas, incluido el exitoso Pilatus que dota a no pocas fuerzas aéreas, entre ellas la española.
Podríamos hablar, por tanto, de una posible redundancia: con opciones probadas y accesibles, como el Pilatus PC-21 o el A29, por mencionar sólo 2, utilizados por ejércitos europeos para entrenamiento y misiones ligeras, el nuevo FMLA podría enfrentar serios desafíos para justificar su desarrollo en términos de costo-beneficio. Existe, por tanto, un riesgo de solapamiento, donde la Unión Europea podría estar invirtiendo en reinventar la rueda en lugar de optimizar adquisiciones conjuntas de plataformas ya maduras. En un tiempo en el se actúa de manera urgente frente a las guerras que están (y las que se esperan), este tipo de duplicidades burocráticas tiende a multiplicarse bajo la etiqueta de “soberanía industrial”.
Como en todas sus decisiones, la Comisión Europea presenta un proyecto que quiere asegurar un compromiso con la soberanía tecnológica en defensa, alineado con el EDF, pero su viabilidad dependerá de cómo se materialice en propuestas concretas. Vivimos un momento de presupuestos cuasi ilimitados, de amenazas híbridas, de adversarios poderosos y de tecnologías extranjeras que superan ya ampliamente las capacidades continentales: ahí están los desarrollos furtivos en cazas de 5ª y 6ª generación, tanto chinos como norteamericanos, o los buques autónomos LUSV de los que ayer hablábamos…,»lugares», todos ellos, en los que Europa aún no está. Por tanto, iniciativas como ésta, si han de existir, deberán justificarse debidamente, lo que no resultará fácil. Equilibrar innovación con realismo para evitar diluir recursos en un mercado ya saturado puede ser realmente complejo. Porque si todo es prioritario, nada lo es. Y si cada necesidad se traduce en un nuevo aparato, el resultado no será más seguridad, sino más catálogo en un segmento donde hay suficiente.
https://defensayseguridad.es/otro-avion-mas-el-fmla-de-la-comision-europea/

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